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Brigadas de humor

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TEGUCIGALPA, HONDURAS .
Puede una sonrisa o una escandalosa carcajada sanar la llaga de un niño quemado? ¿Acaso puede ser esta la cura de un enfermo de cáncer? Quizás no, pero sí puede ser el elemento que ayude a la efectividad del tratamiento.

Guillermo, Jacqueline y Paulina Martell conforman el equipo de los “médicos de la risa” que integran la “brigada del humor”, cuyo único y noble objetivo es animar a los enfermos y ayudarlos a superar ese proceso con una pequeña dosis de carcajadas.

Esta vez han hecho escala en Honduras, particularmente, en el hospital Materno Infantil de la capital.

Sin título alguno que los respalde como galenos, este trío de profesionales del humor, de origen mexicano, se encarga de viajar por todo el mundo y visitar los hospitales, fundaciones y centros de rehabilitación donde deambulan cientos de miles de pacientes con una evidente necesidad de sonreír y olvidar sus incómodos tratamientos médicos por medio de la difusión de la risa.

Todo corazón

Hasta la fecha, no existe ninguna asociación benéfica que los acredite y ninguna persona natural que los apoye económicamente con esta admirable y satisfactoria faena, con la que logran desprender la esperanza de muchos pacientes a través de una sonrisa.

“Para financiar nuestras giras confeccionamos adornos de angelitos que les llamamos “Ángeles del camino” y con la venta de cada uno de ellos salimos adelante con la obra y recorrer América llevando alegría como médicos de la risa a las personas necesitadas”, agregó Guillermo Martell.

La alegre familia realizará su gira durante un año en 30 países, entre ellos Argentina, Chile, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Belice y Paraguay.

Esta genial familia logra un efecto que ni con las medicinas más caras se obtiene, sin embargo este divertido tratamiento consiste en un variado repertorio de chistes que van prendidos de mucho talento, versatilidad, sencillez y entusiasmo.

Uno de los protagonistas de la humorística faena es Guillermo Martell, de 46 años, alias “doctor Facha”, él es un modelo de melena negra, cara aguileña, piel trigueña, un ejemplar de admirar. “Diosito me da la voluntad para seguir adelante. Si él nos ha dado la vida, ¿por qué nosotros no podemos dar un granito de alegría a aquellos que se encuentran tristes en los hospitales y son los que más lo necesitan? Sé que no es imposible hacer que una persona cambie su semblante de enojado o triste”, dice Martell.

Este hombre, artífice de la risoterapia, reveló que uno de los grandes secretos para hacer reír a los pacientes “está en ponerse una nariz de payaso y ser gracioso”. Martell se ha hecho famoso en poco tiempo en algunos países de Centroamérica.

Espíritu de voluntad

Tal vez se toma la risa como algo cotidiano, algo que se da todos los días y de manera natural y sencilla, pero esta sí tiene efecto.

Paulina Martell, de 18 años, hija única de la familia que por años se ha dedicado a la terapia de la risa, expresó que “desde que tenía la edad de cinco años me dediqué a trabajar para la televisión. A raíz del pasar de los años comprendí que mi deber es hacer que la gente se sienta muy feliz y cómoda con lo que yo hago, que es el hacerle cambiar el ánimo a los demás. Desde una pequeña sonrisa hasta una carcajada, cualquiera que sea la terapia es gustada por las personas sin importar raza, género o sexo”.

Con mucho orgullo y con el estima en alto, estos mexicanos demuestran que son los reyes de la risoterapia, esta terapia que no solamente consiste en hacer reír sino lograr que el estado de ánimo no sea triste y decadente. “Mi propósito es llegar a ser una actriz con excelencia. Luego de hacer este recorrido por diferentes países pienso irme a estudiar a Australia. Lo que realmente me encanta es la cinematografía, sé que mi familia me va a hacer gran falta, por eso es que esta temporada la estoy aprovechando al máximo”, dijo la joven con una gran sonrisa en su rostro pintado.

Esperanza

Este hogar muestra que no se necesita mucho cuando se desea vivir una aventura transportándose en un vehículo marca Toyota, modelo 1986, automático con un motor 22r, una “casa rodante” que servirá no solo de transporte sino también como su hogar durante un lapso de tiempo.

“De cariño nos referimos a la camioneta como ‘La toy’”, dijo Guillermo Martell.

Otro miembro es Jackeline Toriz, alias “la doctora Fucha”, esposa de Guillermo, quien dijo que “ahora a 21 años de casada, yo como esposa y mamá siento que me he esforzado en dar mucho de mí, tanto que no culminé mi carrera de psicología por apoyar a mi hija en un proyecto de vida que empezó desde pequeñita y que a la fecha continúa, que nos ha llenado de satisfacciones y que yo jamás me arrepentiré de haber tomado esa decisión”.

Toriz relató que, en su primera anécdota con los pacientes, “cuando entré para hacer reír a los enfermitos la primera vez, salí llorando porque es muy fuerte pero mi hija me dijo: ‘mamá, tienes que salir, tomar aire, devolver un poquito de felicidad’. Luego que me limpió las lágrimas, que vuelvo a entrar, desde ahí supe que mi deber es animar, hacerlos sonreír para que olviden sus pesares”.

Para empezar su viaje por el mundo, esta familia se formó en una asociación civil mexicana comprometida para “promover la alegría, servir con alegría y alegrar en el servicio”, ese es el lema de esta feliz y bondadosa familia.

Fuente: El Heraldo

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